POR MARÍA EUGENIA VIERA
Cerrar un año no es apagar la luz. Es mirar lo vivido, tocarlo con cuidado y decidir qué queda cerca de la piel y qué puede descansar.
Porque cambiar de año, muchas veces, es también cambiar de piel.
Dejar atrás formas que ya no nos representan, versiones que nos quedaron chicas, prendas simbólicas que cumplieron su función.
No todo lo que soltamos se descarta, algunas cosas simplemente se agradecen y se dejan ir.
2025 fue un año que se sintió en el cuerpo. Hubo días de armadura y días de telas suaves. Momentos de sostén y otros de exposición. Prendas elegidas para resistir, para animarse, para volver. Como toda piel nueva, no fue un proceso cómodo, pero sí necesario.
Y el fin de año llega como un ritual silencioso.
No siempre con grandes gestos, a veces con acciones pequeñas: ordenar el placard, doblar con cuidado, elegir qué queda a mano y qué puede esperar.
Rituales íntimos que no se ven, pero que preparan el cuerpo y el alma para lo que viene.
Porque vestirse, cuando se vive con alma, nunca es solo estético. Es una respuesta íntima a lo que nos pasa. Un diálogo silencioso entre el adentro y el afuera.
Y entonces llega el verano.
Como una invitación a soltar capas, a liberar el cuerpo, a volver a sentir sin apuro.
El sol sobre la piel, el mar que limpia, el viento que despeina certezas. El cuerpo, menos cubierto, se vuelve más honesto, pide comodidad, liviandad, verdad.
En verano la ropa deja de proteger y empieza a acompañar. Se viste el movimiento, el descanso, la risa. Se eligen telas que respiran, prendas que no aprietan, colores que dialogan con la luz. Es una temporada que no exige, permite.
Y tal vez por eso el verano también es parte del ritual. Un tiempo para habitar la piel nueva sin juicio, para reencontrarnos con el placer simple de estar, de sentir el cuerpo vivo, libre, presente.
Este blog nació y se sostuvo desde ahí. Desde la certeza de que la moda también guarda memoria. Que cada elección dice algo de nosotras, incluso cuando no sabemos nombrarlo. Que hay ropa que abriga el cuerpo y otra que acompaña transformaciones.
Al cerrar este 2025, no guardo tendencias, guardo sensaciones. La textura de lo aprendido, el color de lo que dolió y lo que floreció. El permiso de vestirme sin explicaciones, con más verdad, con más escucha.
Cerrar también es agradecer. A Ana por permitirme este espacio de creación, a quienes leyeron, a quienes sintieron, a quienes se reconocieron en alguna línea. A quienes entendieron que MODA con ALMA no habla de qué ponerse, sino de cómo habitarnos.
Este no es un adiós, es una pausa consciente, como cuando al atardecer el sol baja y la piel todavía guarda su calor.Un momento para respirar hondo, agradecer lo vivido y entrar al agua una vez más, sabiendo que algo ya cambió.
En 2026, el camino sigue , con otras capas, otra piel, nuevos rituales…y la misma esencia Con la piel más libre, el cuerpo más escuchado y la mirada abierta a lo que venga. Con menos capas innecesarias y más presencia.Con la misma esencia que dio origen a este espacio.
Porque cuando la moda nace del alma, no se termina, se transforma.
Gracias por estar, nos volvemos a vestir juntas el año próximo.
María Eugenia.
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Te propongo un juego para hacer un día de este verano, sin reglas estrictas.
• Vestite con una prenda que te haga sentir libre.
• Elegí algo que no apriete, no corrija, no exija.
• Dejá que el sol, el aire o el movimiento hagan lo suyo.
Después, frená un momento.
Apoyá la mano en tu piel y preguntate:
¿Qué parte de mí está lista para cambiar de piel en 2026?
No hace falta responder. Alcanza con sentirlo.
Nos seguimos leyendo en 2026.
Con el cuerpo más escuchado y el alma vestida de verdad.
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